Hablemos de PROYECCIONES

VAMOS A HABLAR DE PROYECCIONES

La mayoría de las personas que vienen a consulta, cuando se habla de proyección, hacen la siguiente pregunta: “¿yo proyecto?”. Me encantaría poder dar una explicación que llegue a todos y todas, y por supuesto, generar un debate con las opiniones que vayan surgiendo.

Para aunar conceptos, vamos a empezar lanzando una definición de proyección. Podemos decir que es un mecanismo de defensa (los mecanismos de defensa son una parte fundamental de la mente humana y algunos de ellos están presentes en nosotros ya desde niños y niñas. La función principal de los mecanismos de defensa es la de protegernos ante la posibilidad de sufrir un alto nivel de ansiedad, dolor o insatisfacción emocional) por el cual ponemos en la otra persona aquello que está en nosotros y no queremos enfrentar. Los motivos para no enfrentar suele ser el “dolor”, la ansiedad, la angustia… que nos produce el “vernos”.

Es habitual proyectar en los otros seres, aspectos y rasgos de nuestro carácter, que rechazamos. Este mecanismo de defensa nos lleva a proyectar en los otros aquellos aspectos de nosotros/as mismos/as que no aceptamos. De este modo, solemos asociar a las otras personas características o modos de funcionamiento que son propias de nosotros/as mismos/as, pero mantenemos en el inconsciente, haciendo al mundo y a otras personas responsables de algo que única y exclusivamente compete a nuestra propia realidad.

Ejemplo: Si yo voy de “víctima” y no acepto mi agresividad (patrón de víctima-agresora-salvadora) posiblemente esté intentando buscar fuera esa agresividad. A cualquier persona con la que me cruce y haga un gesto que yo identifique como agresivo le “pasaré” la proyección y empezaré a hacer visible su rasgo ante las otras personas para que no se fijen en que yo tengo ese rasgo. Así quedará “oculto” en mí y visible en ella, posicionándola como la “agresora” (la mala persona) y a mí como la “victima” (la buena persona).

Un buen ejercicio para empezar a reconocer nuestros patrones es el siguiente:

Coge una libreta y anota describiendo, con todo lujo de detalles, la emoción que te despierta tu reacción emocional (valga la redundancia). Describe qué hace esa persona, cuándo lo hace, cómo se comporta contigo y, sobre todo, cómo te hace sentir a ti esa actitud. Si tu reacción emocional es negativa (me gusta más la palabra limitante. Tiene otra connotación), significa que una parte de ti está sin resolver y proyectas en esa persona para poder “arreglarla” (tu parte enferma, incorrecta, traumada…) y, por lo tanto, tienes un conflicto interno por reconocer y solucionar. Si tu reacción es positiva significa que esa proyección que haces en la otra persona, te muestra una parte que te gusta de ti mismo/a de la que no eres consciente. Tienes una virtud interna sin reconocer, algo positivo y que aprecias en la otra persona.

¿Alguna vez, has sentido cómo otras personas proyectaban en ti? ¿Cómo te has sentido? ¿Haces tú lo mismo? ¿A quién? ¿En qué momentos? ¿Por qué? ¿Para qué?

Para poder salir de la proyección y transformar aquello que no te gusta de ti has de aceptar que lo que proyectas te pertenece. En lo que enfocas tu atención en el exterior no es más que una representación de las ideas y actitudes que albergas sobre ti y el mundo. Si es positiva, podrás buscar esa virtud que admiras en alguien y descubrirla en ti para ejercitarla conscientemente. Si es negativa (o limitante), podrás descubrir que eso que no te gusta en las otras personas tampoco te gusta en ti, y aprender a cultivar la cualidad contraria y transformarte.

Otro buen ejercicio es plantearte las siguientes preguntas y darles respuesta: “¿qué crees que tendría que cambiar esa persona para sentirte a gusto con ella? ¿Cómo crees que tendría que actuar? ¿Cómo te gustaría que te tratara? Toma bolígrafo y papel y descríbelo con todo lujo de detalles. Hay que tomar consciencia de que el otro “personaje” no va a cambiar porque yo se lo diga, el otro va a cambiar cuando así lo decida y cuando se sienta preparado o preparada. Lo mismo sucede conmigo. Este ejercicio va a poner en evidencia lo que yo pienso que tengo que cambiar en mí.

El reto para uno/a mismo/a es convertirnos en eso que recomendamos o exigimos a las otras personas. Se trata de emplear nuestra energía en cambiarnos a nosotros/as mismos/as y no en tratar de cambiar a la otra persona. Tú sabes lo que te haría feliz recibir de los otros/as: empieza por dártelo a ti mismo/a. Si empiezo a hacer este cambio, posiblemente vea que todo a mi alrededor cambia también.

Cuando nos hacemos responsables de nosotros/as mismos/as, de lo que sentimos, de lo que pensamos, de lo que hacemos, de lo que necesitamos, de aquello que nos gusta y de lo que no nos gusta, dejamos de proyectar. Esto nos puede resultar “doloroso” por la sencilla razón de que no nos han enseñado a mirarnos desde la infancia, más bien todo lo contrario, la sociedad está organizada para ayudarnos a “tapar” y “olvidar”. Despertar requiere de nuestra consciencia plena y esto nos lleva a aceptamos tal y como somos y aceptar a los otros seres tal y como son. Esta actitud conduce al Amor y a vivir más libremente y en sintonía con lo queremos realmente, teniendo relaciones más plenas, sanas y consciente. ¡¡¡¡¡¡¡Así conseguimos la felicidad!!!!!!

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