PESADILLAS Y TERRORES NOCTURNOS EN LOS NIÑOS Y NIÑAS DE EDAD ESCOLAR

Hay muchas circunstancias que pueden causar que un niño o niña se despierte a media noche. La mayoría de las veces sucede cuando están muy cansados/as o bajo mucho estrés. Mantener un horario regular para dormir puede ayudar a prevenir muchos de estos problemas. Si los problemas para dormir que tiene nuestro hijo o hija persisten o empeoran, hay que consultar con el pediatra que los atiende.

¿Cuánto deben dormir los niños y niñas?

Los menores de todas las edades se benefician física, mental y emocionalmente de una cantidad adecuada de horas de sueño. Por ello, la Academia Americana de Pediatría de Estados Unidos ofrece guías para el tiempo sugerido de sueño en los niños:

En los primeros dos años de vida, de 11 a 14 horas diarias;

Entre los 3 y los 5 años, de 10 a 13 horas;

Entre los 6 y los 12 años, de 9 a 12 horas diarias;

Entre los 13 y los 18, de 8 a 10 horas.

 

PESADILLAS

¿Qué son las pesadillas?

Son ensoñaciones complejas que producen temor o ansiedad. El niño suele despertarse muy asustado, describiendo detalladamente las características de lo soñado. Se diferencian de los terrores nocturnos en que se recuerda todo y el sueño se puede relatar como si realmente lo hubiera vivido, confundiéndose sueño con realidad.

Se pueden producir en cualquier momento de la noche, aunque ocurren  con más frecuencia durante el último tercio y finalizan con el despertar del niño. Aunque no duran mucho, al despertarse el niño sigue estando nervioso, alterado y tiene dificultad para volver a dormirse. También puede haber sudoración y taquicardia.

Suelen iniciarse entre los tres y los seis años de edad, siendo más frecuentes entre los seis y los diez. Se pueden producir por un sueño insuficiente, algunos medicamentos, estrés por conflictos emocionales o episodios traumáticos. No tienen por qué haber antecedentes familiares. En algunos casos los niños asocian el sueño con las pesadillas y desarrollan rechazo al momento de irse a dormir.

 

¿Qué pueden hacer los padres/madres?

- Atienda lo antes posible a su hijo/a.

- Háblale con voz suave y lenta, hazle ver que está a su lado y que está seguro/a y a salvo con ud.

- Acaríciele si se lo permite, para irle relajando.

- Permítale que deje una luz encendida (en la mesilla, en el enchufe…) si esto le da seguridad.

- Cuando le sienta relajado/a, anímele a volver a dormirse.

Verifique que no haya nada que esté atemorizando al niño/a, como sombras, bultos…, recójalos y evite las sombras en la habitación.

 

TERROR NOCTURNO

¿Qué son los terrores nocturnos?

Son episodios repentinos de terror aparente durante el sueño, más frecuentes durante el primer tercio de la noche (la fase de sueño más profundo). Apenas duran unos minutos y finalizan de forma espontánea, sin despertar al niño. Suelen comenzar con un grito o llanto, junto a muestras de miedo o agitación (respiración rápida, sudoración, taquicardia…). Aunque mantiene los ojos abiertos y la mirada fija, el niño no ve ni oye lo que está ocurriendo, ya que, en realidad, permanece dormido; tampoco responde a estímulos externos ni suele recordar lo sucedido.

Pueden desencadenarse por sueño insuficiente, horarios de sueño irregulares, fiebre o enfermedad, por tomar algunos fármacos o por estrés. Suelen existir antecedentes familiares (el padre o la madre los ha padecido de pequeño). Cesan por lo general con el tiempo, sin necesidad de ningún tratamiento específico.

 

¿Qué pueden hacer los padres?

- Es mejor no interactuar con él o ella, ya que pueden provocar el efecto contrario al deseado y hacer que el niño/a se muestre más agitado/a.

- Es mejor no despertarle y mantenerse a su lado en silencio, esperando a que pase y asegurando que no se hace daño al agitarse.

- No se recomienda hablar de ello al día siguiente acerca de lo sucedido, ya que podríamos preocuparle y provocar resistencias a la hora de irse a dormir.

- Los terrores del sueño son comunes en niños y niñas en edad escolar y la mayoría de las veces desaparecen cuando crecen. Sin embargo, si son muy habituales, el niño/a está cansado/a o somnoliento/a durante el día o si se alteraran los hábitos de toda la familia, se debe valorar la búsqueda de apoyo profesional.

 

Las principales medidas preventivas para ambos problemas son:

* Dormir las horas suficientes, con regularidad en los horarios. Mejor no suprimir las siestas, si las hace habitualmente.

* El momento de acostarse debe estar precedido de un periodo tranquilo y relajante siguiendo una rutina que les ayude a estar más tranquilos/as: darse un baño, leer y hablar sobre cosas agradables que hayan ocurrido durante el día, recibir mimos…

* Mejor evite que vean películas, la televisión o que oigan historias de terror antes de acostarse, así como juegos que supongan una excitación excesiva para ellos/as.

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