TERAPIA EDUCACIÓN CONSCIENTE POSITIVA / DurgaMayi Psicoterapia Avanzada Plasencia ( Cáceres )

En los últimos años se ha ampliado la bibliografía existente en torno a la temática de la Crianza Consciente Positiva. A menudo, este enfoque de crianza se ha venido confundiendo con una crianza idealizada, “blanda” e incluso “perfecta”. En realidad, la crianza consciente está íntimamente relacionada con el propio proceso de autodescubrimiento y consciencia de los padres y madres.

A mayor consciencia de los educadores, más consciente se torna la crianza. Por crianza consciente, en este sentido, entendemos una crianza orientada a potenciar el desarrollo del niño, al tiempo que, como educadores, profundizamos en nuestro autodescubrimiento y desarrollo a través de la propia tarea de criar.

Ser padres es una de las tareas más desafiantes y exigentes que existen, y a la vez una de las más importantes. Ser padres es una responsabilidad sagrada: somos protectores, formadores, guías, maestros, modelos, fuente de amor incondicional y aceptación para nuestros hijos.

Los padres deseamos lo mejor para nuestros hijos, pero…, ¿qué es lo mejor? En muchas ocasiones nos sentimos abrumados por la cantidad de información que recibimos sobre lo que está “bien” o lo que está “mal” a la hora de criar a un hijo. Surgen entonces múltiples preguntas y dudas. Cuando investigamos sobre las opciones de crianza disponibles, aparecen fundamentalmente dos enfoques radicalmente distintos: por un lado la crianza con apego o respetuosa (centrada en las necesidades de los niños) y, por otro lado, enfoques basados en la psicología conductista (centrados fundamentalmente en las necesidades de los padres).

Existe un enfoque que engloba a la crianza con apego y respetuosa, al tiempo que emplea recursos de la psicología conductista cuando es necesario. Esta propuesta integradora es la denominada crianza consciente, o paternidad y maternidad consciente; la misma abarca los primeros tres años de vida del niño o niña.

No existe ese modo “perfecto” de educar, pues hay tantos modelos como personas. En realidad, la crianza es un proceso de crecimiento mutuo en el que padres e hijos crecen por medio de la interacción. Si logramos ver al niño como una totalidad, teniendo en cuenta su desarrollo físico, emocional, mental y espiritual, las opciones de las que disponemos empiezan a adquirir coherencia. Abandonamos entonces la necesidad de recetarios para cada circunstancia y confiamos en nuestras propias decisiones como educadores.

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